“LA” luz me dejo esa vela después de una hiper limpieza de cera.
Era increíble la contaminación que tenia la pobre, y eso no la dejaba brillar, ni encenderse del todo. Creo que jamás en mis años de velas vi una llama tan grande en una vela tan chiquita.
Ahora es la “sensación” de la mesita de luz.
Puedo escribir tranquilamente sin luces artificiales, y sin necesidad de otra vela.
La velita bordó dio un cambio radical.
Encima hacia mucho tiempo que estaba apagada en el rincón, como resignada a nunca más volver a cumplir su misión de vela. Andaba totalmente aislada, llena de polvo, solo siendo un ornamento más en la mesita de luz.
Ahora no. No puedo dejar de mirarla!! Parece mentira que se haya guardado tanto….
Con una ayuda mía para ser exorcizada de la gran cantidad de ceras y tóxicos que ahogaban la mecha la deje prendidísima, con un fuego infernal que llega hasta el cielo raso.
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