miércoles, 11 de julio de 2007


No hay como llorar en el colectivo.

Es como aplastar las páginas de una agenda.

Lugares investidos.

Expresiones en la gente.

Mi anonimato.

Los delirios, y fantasías son excitados por aquellas calles, cordones, escalones, teléfonos públicos, faroles, minimarkets, tachos de basura, volquetes, cables, charcos….

No hay nada como llorar en el colectivo.

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