No hay como llorar en el colectivo.
Es como aplastar las páginas de una agenda.
Lugares investidos.
Expresiones en la gente.
Mi anonimato.
Los delirios, y fantasías son excitados por aquellas calles, cordones, escalones, teléfonos públicos, faroles, minimarkets, tachos de basura, volquetes, cables, charcos….
No hay nada como llorar en el colectivo.
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